Recuerdos de tu mascota: su huella y sus bigotes
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Hay cosas de las que uno no se acuerda hasta que ya es tarde. La huella de su pata, un mechón de pelo, un bigote que encuentras en el sofá. Lo guardas «para no perderlo» en un cajón o en una cajita de pastillas, y ahí se queda, hasta que un día ya no sabes cuál era. Hay dos formas sencillas de guardar un recuerdo de verdad.
La huella, sin tinta
El kit de huella para mascotas sin tinta guarda la huella en dos minutos y sin mancharle la pata. No hay tinta que limpiar, ni una pata negra corriendo por el pasillo, ni un animal nervioso porque le estás frotando el pie con algo raro. La almohadilla se pone encima de la tarjeta y la pata se apoya sobre ella, así que solo toca una lámina limpia; al presionar, el color pasa de la almohadilla a la tarjeta de debajo. Levantas y la huella ya está, nítida, con las almohadillas bien visibles. La pata sale igual de limpia que entró.
La huella entra en cualquier marco de 13 x 8 cm y hay cinco colores a elegir: negro, azul, rosa, verde y rojo. También vale para manos y pies de bebé.
Sus bigotes, en un frasquito
Los botes guarda-bigotes con forma de gato son frasquitos del tamaño de dos dedos, de acrílico transparente (no es cristal, así que si se cae de la balda no se rompe en mil pedazos). Se abren por la base, con un tapón pequeño que se saca y se vuelve a poner, y cada uno trae un llavero de cable de acero con cierre de rosca: para las llaves, la mochila o una balda. Vienen cinco y los cinco son modelos distintos, así que sirve para uno por gato, o para regalar.
Un recordatorio importante: los bigotes que guardas son los que se le caen solos. Nunca se los cortes: son un órgano sensorial.
También sirve para guardar un mechón del cepillado de siempre o cualquier recuerdo pequeño.
Dos cosas que van bien juntas
La huella y los bigotes se complementan: una en un marco en la pared y los otros colgados de las llaves. Y como regalo para alguien que tenga gato o perro, son de los que aciertan.